-¡Claro que el Alma Amistosa es un ángel! –interrumpió Dios-. ¡Todos lo son! Siempre recuerda que sólo envió Ángeles.
Y así, la Pequeña Alma quiso más que nunca satisfacer la petición del Alma Amistosa:
-¿Qué puedo hacer por ti? –volvió a preguntar.
-En el momento en que te golpee y te despedace –repuso el Alma Amistosa-, cuando te haga lo peor que pudieras imaginarte, en ese mismo instante…
-¿Qué? –interrumpió la Pequeña Alma-. ¿Qué…?
El Alma Amistosa estaba aún mas seria:
-Recuerda Quién Soy Realmente.
-¡Si, así será! –exclamó el Alma Inocente-. ¡Te lo prometo! Siempre te recordare tal y como te veo aquí y ahora.
-Muy bien –repuso el Alma Amistosa-, porque podré tanto empeño en fingir, que olvidare quien soy. Y si tú no me recuerdas como soy realmente, no podré acordarme durante mucho tiempo. Y si olvido Quien Soy, incluso tú olvidaras Quien Eres, y las dos estaremos perdidas. Entonces necesitaremos que venga otra alma para que nos recuerde a ambas Quiénes Somos.
¡No, no será así! –prometió otra vez la Pequeña Alma-. ¡Te recordare! Y te agradeceré por darme ese don, la oportunidad de experimentarme como Quien Soy.
viernes, septiembre 01, 2006
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