viernes, septiembre 01, 2006

La Pequeña Alma y el Sol… Parte 2

-…Que no existe otra cosa además de la Luz. No cree otra cosa que lo que tú misma eres. Así, no hay un modo sencillo para que experimentes Quien Eres, puesto que no hay nada que no seas.
-¿Como? –repuso la Pequeña Alma inocente, estaba un poco confundida.
-Piénsalo de este modo. Eres como una vela en el Sol. Ya estás allá, junto con millones y ga-guillones de otras velas que forman el Sol. Y el Son no podría serlo sin ti, porque le faltaría una de sus velas, y así no podría brillar tanto. Pero saber que eres la Luz estando dentro de la luz… ese es el problema.
-Tú eres Dios. ¡Ya se te ocurrirá algo!
Dios volvió a sonreír:
-Ya pensé en algo. Puesto que no puedes sentirte la Luz al estar en ella, te rodeare de oscuridad.
-¿Qué es la oscuridad?
-Es aquello que tú no eres.
-¿Tendré miedo de la oscuridad? –gimió la almita.
-Sólo si así lo quieres –respondió Dios-. A decir verdad, no hay nada que temer, a menos que así lo decidas. Nosotros inventamos todo eso. Fingimos.
-¡Ah! –exclamó la Pequeña Alma, que ya se estaba sintiendo mejor.
Entonces Dios explicó que, para poder experimentar cualquier cosa, se requiere de su opuesto.
-Ese es un gran don, porque sin el no podrías conocer como es todo lo demás. No podrías saber que es lo Caliente sin lo Frío, el Arriba sin el Abajo, lo Rápido sin lo Lento. No podrías saber qué es la Izquierda sin la Derecha, el Acá sin el Allá, el ahora sin el Después.
“Y así –concluyó Dios-, al verte envuelta en la oscuridad, no cierres el puño ni alces la voz para maldecirla.

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