A la Pequeña Alma le sorprendió la respuesta.
-No te asombres –le dijo el Alma Amistosa-. Tú hiciste lo mismo por mí. ¿No lo recuerdas? Hemos bailado juntas muchas veces, por eones y eras. Durante todos los tiempos y en muchos lugares hemos jugado juntas. Simplemente no lo recuerdas.
“Ambas hemos sido todas las cosas. Ya fuimos el Arriba y el Abajo, la Izquierda y la Derecha. Fuimos el Acá y el Allá, el Ahora y el Después. Fuimos lo Masculino y lo Femenino, lo Bueno y lo Malo. Tú y yo fuimos las víctimas y el villano.
“Así, nos hemos reunido muchas veces, la una dando a la otra la oportunidad exacta y perfecta para expresar y experimentar Quiénes Somos Realmente.
“De ese modo –añadió el Alma Amistosa-, llegare a tu próxima vida y seré el “malo”. Haré algo realmente terrible, y entonces podrás experimentarte como El Que Perdona.
-¿Qué harás? –preguntó la Pequeña Alma, un poco nerviosa-. ¿Qué puede ser tan terrible?
-Oh, ya pensaremos en algo –replicó el Alma Amistosa, con un guiño.
Segundos después, pareció tornarse muy seria y murmuró:
-Tienes razón en algo.
-¿En qué? –quiso saber la almita.
-Tendré que frenar mi vibración y hacerme muy pesada para hacer ese algo no tan bueno. Fingiré que soy alguien muy distinto a quien realmente soy. Por eso te pediré un favor a cambio.
-¡Si, lo que quieras! –exclamó la Pequeña Alma y comenzó a cantar y bailar-. ¡Podré perdonar, podré perdonar!
Pero notó que el Alma Amistosa seguía muy callada.
-¿Qué quieres? –le preguntó-. ¿Qué puedo hacer por ti? ¡Eres todo un ángel por estar dispuesta a hacer tal cosa por mí!
viernes, septiembre 01, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario